Viviendo el momento presente. Holanda con niños
Acabamos de volver tras pasar unos días en Holanda con los peques y me apetece compartir con vosotros nuestras vacaciones.
Acabamos de volver tras pasar unos días en Holanda con los peques y me apetece compartir con vosotros nuestras vacaciones. Si alguno aún no tenéis destino para el verano, os recomiendo Holanda sin duda, especialmente si viajáis con niños.
Hemos pasado ocho días maravillosos juntos, sin un plan demasiado organizado, dejando fluir el tiempo, viviendo el momento presente y disfrutando de esos tres retoños.
Antes viajábamos con una ruta estricta que pasaba semanas diseñando y trataba de cumplir a rajatabla. Esta vez ha sido diferente: desde España reservamos solo el alojamiento y el coche de alquiler, y una vez allí dejamos que el destino nos guiara. Creo que ha sido el viaje más especial que hemos vivido con los niños. Sin prisas, sin agobios… solo preocupándonos por disfrutar.
Para el alojamiento elegimos dos parques de vacaciones de la cadena Centerparcs: una especie de campings gigantes en plena naturaleza donde te alojas en bungalós muy bien equipados. Dentro de estos complejos hay parque acuático cubierto (se agradece, porque nos llovió todos los días), parque de bolas, granja con animales, tirolinas y alquiler de bicis. Estuvimos cuatro días en De Kempervennen y otros cuatro en De Eemhof; este último nos gustó más, con un apartamento muy confortable y preciosas vistas al mar.
El primer día hicimos una visita exprés a Rotterdam (demasiado “ciudad” para nuestras pretensiones) y a Gouda. Iker disfrutó a tope con los charcos.

En Gouda, los jueves se celebra el mercado del queso y se recrean las antiguas subastas para admiración de los turistas. Probamos quesos de granjas donde aún los elaboran de forma artesanal y estaban deliciosos, nada que ver con los que nos venden aquí.

Cerca de De Kempervennen descubrimos Hoeve, una granja de vacas y gallinas donde fabricaban helados artesanos con leche recién ordeñada; allí merendamos alguna tarde. Tenían un parque de bolas gigante de tres plantas y, en una máquina expendedora, ¡vendían los huevos de sus gallinas!



El segundo y el cuarto día los dedicamos a disfrutar del parque de vacaciones, sobre todo del parque acuático Aqua Mundo, con agua calentita y toboganes para todas las edades. Para movernos por la zona alquilamos unas bicis: mirad el invento para llevar atrás a los peques.

También había una pequeña granja donde los niños podían observar a los animales e incluso darles de comer.



El tercer día visitamos el parque de atracciones Efteling, donde las hadas y los duendes se apoderan del ambiente. En otros parques Iker apenas podía subirse por su altura; en Efteling pudo disfrutar del 80 % de las atracciones y estaba alucinando.

El quinto día cambiamos de residencia a De Eemhof, muy parecido en prestaciones, con vistas preciosas al mar. Hicimos varias rutas en bici y la visita obligada a Aqua Mundo y a la granja.



Desde Eemhof hicimos varias excursiones por la zona. Visitamos Marken, un precioso pueblo de pescadores con casas diminutas pintadas de verde, donde conocimos una fábrica de zuecos y nos mostraron cómo se elabora tan insigne zapato.



Otra visita obligada con niños es Zaanse Schans, un museo al aire libre que recrea el pasado de Holanda, con molinos históricos —la mayoría de más de 200 años— que todavía están en uso.



La visita a Ámsterdam fue efímera, solo le dedicamos una mañana: demasiada gente para nuestros gustos campestres. Es una ciudad muy bonita, con edificios históricos impresionantes. Lo que no podíamos eludir era el Amsterdam Arena, el estadio del Ajax: mi futbolero no quería irse de Holanda sin su camiseta.



Volendam y Hoorn son dos pueblos con mucho encanto: estrechos canales, casitas decoradas con flores y muros inclinados por la cantidad de agua que hay bajo ellos. Pueblos para perderse en sus callejuelas y disfrutar de una infusión de menta fresca junto al agua.




Y antes de volver a España, visita a Madurodam, la “Holanda en miniatura”: un parque temático en La Haya con maquetas hechas a la perfección donde no sabes hacia dónde mirar. Nos encantó, es realmente precioso.




Y estas han sido nuestras visitas: ocho días intensos en familia. Respecto a la comida, reconozco que hubo demasiada patata frita, croqueta y helado, y poco verde en los platos. Lo solventamos comprando en el súper y cocinando en el apartamento muchos días. ¡Volveremos!