Haciendo un sueño realidad y... ¡¡¡Feliz Navidad!!
Hoy quiero contaros algo muy personal, sois parte de mi familia y me apetece compartir un pedacito de mi vida con vosotr@s.
Hoy quiero contaros algo muy personal. Sois parte de mi familia y me apetece compartir un pedacito de mi vida con vosotros.
Hace poco tuve la oportunidad de cumplir un sueño que tenía desde niña: ¡hacer teatro! He esperado casi hasta los 40 para interpretar un papel de más de una línea en una obra de Navidad, pero al final lo he conseguido y estoy muy, muy contenta. Os cuento, pero primero os pongo en situación…

Cuando era pequeña, en mi colegio hacíamos cada año una función de Navidad y otra a final de curso. Desde los 3 hasta los 8 años preparábamos con muchísima ilusión doce representaciones teatrales.
Siempre me ha gustado actuar y no me daba vergüenza hablar en público, así que soñaba con un papel principal. Pero ese papel nunca llegaba: año tras año me asignaban la pastorcilla rezagada de la última fila, la oveja que dice «beee» o el árbol que observa sin pestañear. Era pequeña, pero me daba cuenta de que era injusto, y lloraba cada vez que me relegaban al papel más secundario.
Tenía buena memoria —me sabía el papel de todos mis compañeros e incluso apuntaba a las profesoras cuando se quedaban en blanco—, así que sabía que era capaz de interpretar cualquier personaje. Y soñaba con ser algún día la protagonista.
Esa oportunidad llegó por fin. En el colegio de mis hijos, los padres que quieren preparan una representación para la fiesta de Navidad junto a los peques. Esta vez no había nadie que repartiera los papeles a dedo: nos los repartíamos entre nosotros. Me tocó el de la pequeña Paulita, largo y con rima, que nadie quería.
Por un instante volvió aquella niña insegura y pensé que quizá no sería capaz. Tuve miedo a quedarme en blanco, miedo al ridículo, miedo al fracaso. Pero duró solo unos segundos: después de todo lo vivido con la enfermedad, sé que soy capaz de conseguir lo que me proponga. Si crees en los sueños, los sueños se hacen realidad.
Y llegó el gran día. Fue sencillamente maravilloso. Durante la función veía reír y emocionarse a los niños, a los profes y a las familias, y al terminar casi rompo a llorar de la emoción. Una vez más la vida me demostró que, aunque tropieces una y otra vez, siempre hay que levantarse con la cabeza bien alta y no dejar de soñar.

Os deseo de corazón una feliz Navidad. ¡Que disfrutéis mucho de estos días en familia!