Cuando lo imposible, es posible
Hoy, es un día muy especial y quiero compartirlo con todos vosotros, que sois un pedacito muy grande de mí.
Hoy es un día muy especial y quiero compartirlo con vosotros, que sois un pedacito muy grande de mí. Compartís conmigo mis alegrías y mis penas, y hoy toca compartir alegrías.
Esta mañana se ha celebrado la 8.ª Carrera de la Mujer en Granada, un evento solidario muy popular en el que han participado más de 7000 personas. Este año me hacía especial ilusión correrla: en los últimos meses estoy corriendo de manera más o menos regular, lo que tres niños y mil compromisos me permiten.
La edición tenía una novedad: se podía inscribir a la familia (abuela, hija y nietos). Se lo propuse a mi madre y a mi hijo mayor, les hizo ilusión y hemos salido a entrenar siempre que hemos podido, involucrando también a mi padre y a otros amigos para recorrer los 5 km solidarios.

El ambiente en Granada era increíble: buen rollo, ilusión, emoción y muchas mujeres con cáncer y sus familiares participando.


A las nueve, pistoletazo de salida y suelta de globos. En los primeros metros apenas podíamos avanzar de tanta gente. Empiezo a correr, sudo, mi corazón se acelera, pero avanzo… y me inundo de endorfinas. Vuelvo la vista atrás y veo a la mujer que hace seis años tuvo metástasis en pulmón y hueso, a la que las estadísticas no daban opciones, y me vengo arriba. Subo el ritmo, floto, me siento capaz de cualquier cosa y no puedo parar de sonreír, aunque evidentemente esté sufriendo.


Cruzo la meta y me siento pletórica: ¡lo he conseguido! Y al mirar los resultados, resulta que fuimos segundos en la categoría de familias y yo tercera en la de mujeres que tienen o han tenido cáncer. No me puedo sentir más orgullosa de la familia que tengo, siempre apoyándome. Soy muy afortunada.








Hacer posible lo imposible.


Aprovecho para recordaros los múltiples beneficios del deporte, tanto para las personas con cáncer como para las sanas.